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sábado, 2 de junho de 2018

"EL ANILLO"



Versão do conto "O anel" em espanhol.


EL ANILLO

Juan conoció a Mariana algún tiempo antes de conocer la mujer que amaría y viviría por toda una vida. Ella era linda e hija de una de las familias más influyentes de la ciudad del Rio de Janeiro, él supiera que relacionarse con ella sería imposible y la joven se molestaba por ser tan rica, tan linda y tan infeliz. La causa era no poder estar junto de aquel que era el hombre de su vida.
Estaba segura que si no pudiera ser la esposa de Juan no lo sería de ninguno otro, pensaba en las largas madrugadas que pasaba llorando sin que nadie la oyera, quería vivir entre los tejidos del sastre de ojos verdes y sonrisa fácil que la encantó desde el inicio. La decisión de tornarse monja y encerrarse por toda su vida dejó de espanto a sus padres que ya imaginaban la casa llena de nietos cuando la hija se casase con uno de los herederos más deseado de la ciudad. Todavía Mariana no pensaba obedecer las normas de aquella sociedad sin amor, sin libertad y sin la opción de elegir.
Mariana buscó el joyero más respetado del hogar y le encargó aquel que sería lo único recuerdo que Juan tendría de su existencia. Pidió que hiciese un anillo y que grabase en él las iniciales de sus nombres. Cuando ella lo colocó en sus manos el chico inmediatamente se transformó en un hombre y las primeras lágrimas brotaron acusadoras acordándolo que él nunca sería suficientemente bueno para la doncella.
Las puertas del convento ahora detenían toda belleza, toda juventud, todos los sueños de la muchacha soñadora. Nunca más seria vista ni amada, ni acariciada por manos masculinas. Los años mostrarían a Mariana el trabajo arduo de su elección, ella se acostumbraría a vivir sin Juan, serviría humildemente al que la creó.
Juan miraba el anillo y lo admiraba siempre que sus dedos tocaban las iniciales de sus nombres: “Juan y Mariana”. El anillo no lo dejaba olvidar ningún instante de aquella chica rica que por amor se negó al mundo. Poco a poco el trabajo empezó a tomar gran parte del tiempo en la vida de aquel hombre esforzado y talentoso, sabía que era un excelente sastre, pero lo que recibía era poco comparado al que merecía. Jamás conseguiría sacar a Mariana del convento y convencer a sus padres a dejarlos vivir aquel amor puro y verdadero. Tendría que olvidarla. Precisaba alejarse completamente de aquellas calles que lo acordaban, guardó todo el dinero que pudo y tomó el autobús que lo llevaría a São Paulo y también a su futuro. En su dedo anular el anillo, llevó así a Mariana contigo.
La ciudad lo recibió agitada, aquí no tendría tiempo para pensar en su infortunio. Abrió una pequeña sastrería y conoció a Ángela. Ella no era tan hermosa como la Mariana, pero era mujer seria y trabajadora, baja de estatura y alta en determinación. En poco tiempo los dos ya estaban planeando la boda, los padres portugueses de la muchacha no la querían enamorándose por mucho tiempo y así Juan cuando se vio en una tarde lluviosa ya estaba casado con ella. Él sacó el anillo del anular izquierdo y lo colocó en lo derecho, fuera sustituido por una alianza no muy cara de oro que pudo comprar con los pequeños ahorros que hizo.
Ángela no comprendía la fijación del esposo por aquel anillo hasta que un día cuando Juan estaba adormecido ella lo inspeccionó y vio las iniciales grabadas, letras que no entendía aún el significado, letras importantes para el hombre que ahora era su marido.
Ellos tuvieron cuatro hijos, cuatro pequeñas joyas que hicieron sus días más felices. Ángela todavía, pasaba los días deseando el anillo, deseando que él lo sacase de su dedo y diese a ella, deseando que su esposo se librase de él, ella no sabía el motivo, pero aquel anillo la molestaba. Juan no soportaba más los cuestionamientos de su esposa y resolvió contarle la historia de aquella joya. Eso no fuera una buena decisión, pues después de este día el anillo pasó a ser una obsesión en la vida de aquella mujer.
Él la vía llorando por las madrugadas y cuando preguntaba lo que estaba ocurriendo ella contestaba: ̶   El anillo.
Dieciocho años se pasara y Juan resolvió sacar aquello que era el único recuerdo de la chica más linda que conociera, lo dio a su primogénita haciéndola jurar que sólo lo daría para el primer hijo que tuviese.
Juan se libró de los cobros diarios de la esposa determinada a destruir aquel que era su mayor temor matrimonial. La hija ahora padecía el fardo de ser guardián de aquella joya, y como hiciera una promesa a su padre la cumpliría. El anillo sólo saldría de su dedo cuando su hija tuviese dieciocho años también.
Ángela no podría tener lo que quería, entonces compraba joyas y las guardaban. Juan pensó que felizmente después de cincuenta años casados la esposa había olvidado la historia, mas él estaba engañado, ella se acordaba de él todos los días de su vida.
Quien lo poseía ahora era la nieta mayor, la primogénita lo ganara como la madre había prometido a su abuelo. Y ella lo usaba como símbolo familiar sin saber la historia que la joya guardaba había más de cincuenta años.
Cuando Juan a los ochenta y nueve años falleció la abuela pidió que la nieta lo acompañase hasta su túmulo, sus dedos temblorosos tocaron aquel que era su mayor deseo de destrucción, ella lo quería para consumirlo, para derretirlo hasta tornarse un nada. Su esposo estaba muerto, pero el anillo aún estaba allí intacto en el dedo de su nieta amada. Un pensamiento único la poseía: ̶  Quiero ese anillo para mí!
Julia visitaba la abuela todo fin de semana. En una de esas tardes, precisamente la última que pasarían juntas la abuela estaba radiante al recibirla y avisó: ̶  Hoy tengo una sorpresa para ti!
La nieta vio cuando la abuela entró en su dormitorio y de allá salió con un bolsillo que parecía estar lleno de monedas. Ella dijo orgullosa: ̶  Esto todo es lo que conseguí guardar todos esos años de vida. ̶  y mirando para el anillo en su dedo dijo: ̶  Yo siempre lo deseé, cambio todas estas joyas por él.
Julia entonces se acordó de las palabras de su mamá cuando le dio la joya. Lloró porque no podría librarse de aquella joya sin antes dejar las memorias de Juan ir con él.
En aquella misma semana su abuela falleció de un mal súbito del corazón, julia sacó el anillo del dedo y lo guardó en una cajita negra de terciopelo. Meses después cuando quiso usarlo otra vez lo buscó, pero ya no más lo encontró.







sábado, 4 de junho de 2016

Resenha do livro A seleção - Kiera Cass


Antes de falar sobre o livro gostaria de relatar como cheguei a ele.
Há dois anos atrás, na Bienal Internacional do Livro de São Paulo, fui juntamente com colegas de trabalho para apreciar e claro comprar os últimos lançamentos. Nos deparamos com uma multidão de adolescentes alucinadas com um livro de capa verde e uma menina ruiva e muito bonita na capa. Eu não sabia qual o nome da autora, até que ouvi o som de um helicóptero sobrevoando o local e meninas gritando alucinadas o nome Kieraaaaaaaa. No meio daquela multidão alucinada, ao meu lado ,estava uma menina com os olhos marejados e muito brilhantes, foi nesse momento que decidi ler esse livro algum dia.
Dois anos se passaram vendo-os na estante da minha casa, pois tenho muitos livros e o gênero infanto-juvenil ainda não havia me chamado, até que comecei a participar de grupos de leitura no facebook e dia após dia lia comentários sobre "A Seleção" e decidi que a hora desse livro chegara.
O devorei em três dias, li cerca de cento e vinte páginas ao dia, assimilando a história e a trama que Kiera Cass havia criado há quatro anos atrás.
A capa é linda e já conta parte da história, ao vê-la já deduzi ser um conto de fadas e lendo o livro constatei que era futurista, mas sem a magia existente na maioria desses livros, o que torna a obra de Kiera Cass possível. A cada capítulo a leitora se depara com o alvo principal daquelas trinta e quatro garotas, sim apenas trinta e quatro porque uma delas não pensava nessa coroa, seus pensamentos estavam em outro lugar, para ser mais clara em outra casta.


Num mundo pós guerra, garotas de todas as castas sociais de Illéa, disputavam a coroa que faria apenas uma delas a princesa desse país, quando se casasse com o príncipe Maxon.
Quando a autora escolheu dividir esse mundo que ela construiu em "castas" também estabeleceu regras sociais rígidas e nem sempre justas. America Singer pertencia a uma casta que não era uma das mais privilegiadas, por vezes passava necessidades e sonhava com a felicidade ao lado do seu amor.
Como todo romance teremos um triângulo amoroso que vai nos envolver em julgamentos e um deles é: O amor nasce dentro de você ou é construído?
Em meio aos ataques que sofrerá o castelo, onde as trinta e cinco garotas, um príncipe e toda a realeza se encontra, você poderá repensar a sua forma de amar e enfim decidir se escuta o seu coração apenas ou começa a observar as outras oportunidades para se apaixonar que a vida lhe oferece.
Indico esse livro para leitoras: românticas, sonhadoras e que desejam emoção leve e prazerosa.
E não deixem de ver o vídeo que coloquei logo abaixo a imagem de America Singer

Boa leitura meninas!



E agora um vídeo super legal para vocês... Beijussara

 

terça-feira, 25 de agosto de 2015

Conto: O ANEL


O ANEL
João conheceu a Mariana tempos antes de conhecer a mulher que amaria e viveria por toda uma vida. Ela era linda e filha de uma das famílias mais influentes da cidade do Rio de Janeiro, ele sabia que relacionar-se com ela seria impossível e a jovem amargurava-se por ser tão rica, tão linda e tão infeliz por não poder estar ao lado daquele que era o homem da sua vida.
Se não poderia ser a esposa de João não seria de nenhum outro, pensava Mariana nas longas madrugadas que chorava sem ser ouvida, queria viver entre os tecidos do alfaiate simples de olhos verdes e sorriso fácil que a encantou desde o início. A decisão de tornar-se freira e enclausurar-se por toda a vida tomou de espanto seus pais que já imaginavam a casa cheia de netos quando a filha desposasse um dos herdeiros mais cobiçados da cidade. Porém Mariana não pensava obedecer as normas daquela sociedade sem amor, sem liberdade e sem opção de escolha.
Mariana procurou o ourives mais respeitado da cidade e encomendou aquilo que seria a única lembrança que João teria de sua existência. Pediu que fizesse um anel e que gravasse nele as iniciais de seus nomes. Quando Mariana o colocou em suas mãos o menino imediatamente se transformou em homem e as primeiras lágrimas brotaram acusadoras lembrando-o que ele nunca seria suficientemente bom para ela.
As portas do convento agora detinham toda beleza, toda juventude, todos os sonhos da moça sonhadora. Não seria mais vista, nem amada, nem acariciada. Os anos mostrariam a Mariana o trabalho árduo de sua escolha, ela se acostumaria a viver sem João, serviria humildemente ao que a criou.
João olhava o anel e o admirava sempre que seus dedos tocavam as iniciais de seus nomes João e Mariana. O anel não o deixava esquecer um só instante daquela menina rica que por amor se negou ao mundo. Aos poucos o trabalho começou a tomar grande tempo na vida daquele homem esforçado e talentoso, sabia que era um excelente alfaiate, mas o que recebia era pouco comparado ao que merecia. Jamais conseguiria tirar Mariana do convento e convencer seus pais de os deixarem viver aquele amor puro e verdadeiro. Teria que esquecê-la. Precisava se afastar completamente daquelas ruas que a lembravam, guardou todo o dinheiro que pode e tomou o ônibus que o levaria a São Paulo e também ao seu futuro. Junto no seu dedo anular levou o anel, levou Mariana.
A cidade de São Paulo o recebeu agitada, aqui ele não teria tempo para pensar em seu infortúnio. Abriu uma pequena alfaiataria e conheceu a Ângela. Ela não era tão bonita quanto Mariana, mas era mulher séria e trabalhadora, baixa de estatura, mas alta em determinação. Em pouco tempo os dois já estavam planejando o casamento, os pais portugueses da moça não a queriam namorando por muito tempo e assim João quando viu em uma tarde chuvosa estava com Ângela se casando. Ele tirou o anel da mão esquerda e o colocou na direita e o substituiu por uma aliança barata de oro que pode comprar com as pequenas economias que fez.
Ângela não entendia a fixação do esposo por aquele anel até que um dia quando João estava adormecido ela o inspecionou e viu as iniciais gravadas, letras que não compreendia ainda o significado, letras importantes para o homem que agora era seu esposo.
Eles tiveram quatro filhos, quatro pequenas joias que fizeram seus dias mais felizes. Ângela porem, passava os dias desejando o anel, desejando que ele o tirasse e o desse a ela, desejando que seu esposo se livrasse dele, ela não sabia ainda o motivo, mas aquele anel a incomodava. João não suportava mais os questionamentos da esposa e resolvera contar a história contida naquela joia, isso não fora uma decisão sábia, pois a partir daquele dia o anel passou a ser uma obsessão na vida daquela mulher.
Ele a pegava chorando pelas madrugadas e quando lhe perguntava o que estava acontecendo apenas ouvia.... — O anel. Foi então que depois de dezoito anos de casamento ele resolveu tirar aquilo que era sua única lembrança da menina mais linda que conhecera, e o deu à sua primogênita fazendo-a jurar que só o daria para o primeiro filho que tivesse.
João se livrou da cobrança diária da esposa determinada a destruir aquele que era seu maior temor matrimonial. A filha agora padecia o fardo de ser a guardiã daquela joia. E como fizera uma promessa ao pai a cumpriria, o anel só sairia do seu dedo quando sua filha tivesse dezoito anos também.
E como Ângela não podia ter o anel comprava joias e as guardava. João achou que felizmente depois de cinquenta anos de casados a esposa havia esquecido a história do anel, mas ele estava enganado. Ela se lembrada dele todos os dias da sua vida.
Quem o possuía agora era a neta mais velha, a primogênita o ganhara como a mãe havia prometido ao seu avô. E ela o usava como símbolo familiar sem saber a história que a joia guardava há mais de cinquenta anos.
Quando João faleceu a avó pediu para que a neta a acompanhasse até seu túmulo, seus dedos trêmulos tocavam aquele que era seu maior desejo de destruição, ela o queria para consumir, para derrete-lo até tornar-se nada. Seu esposo estava morto, mas o anel ainda estava ali intacto nos dedos de sua amada neta. Um pensamento único a possuía... — Quero esse anel pra mim.
Julia visitava a avó todo fim de semana. Numa dessas tardes, mais precisamente a última que passariam juntas a avó estava radiante ao receber a neta, e avisou: — Hoje tenho uma surpresa pra você!
            Julia viu quando a avó entrou em seu quarto e de lá saiu com um saco que parecia estar cheio de moedas. Ela disse orgulhosa: — Isso é tudo que consegui guardar em todos esses anos de vida e olhando para o anel em seu dedo disse: — Eu sempre o desejei, troco todas essas joias por ele!
            Julia então lembrou-se das palavras de sua mãe quando o ganhou. Chorou porque não poderia se livrar do anel sem antes deixar as memórias de João ir com ele.
            Naquela mesma semana a avó faleceu, Julia tirou o anel do dedo e guardou numa caixinha. Meses depois quando quis usá-lo de novo procurou-o e já não mais o encontrou.
  

 Por Jussara Melo